Barragán se estaba aproximando al hotel.
Frankie comenzó a ladrar, y era imparable!
El mensaje era muy claro, tenía ganas de pasear en el auto con su dueño, su médico, escuchando buena música en una noche lluviosa de Londres.
Barragán, jamás dejaba de darle los gustos.
Alertó a la custodia por la radio y cambiaron de destino, rumbo a Trafalgar Square...y luego los típicos edificios, torres, abadías, etc. de la ciudad.
Frankie iba con su cabeza apoyada sobre el hombro izquierdo de Barragán, se miraban de reojo con Jorge. Usual en ellos dos, se estudiaban mutuamente. A Jorge le sorprendían las actitudes humanas de Frankie, su relación con Barragán de hijo y padre, y el porte del Weimaraner. En sus años de profesión, nunca había visto un animal estéticamente tan perfecto.
Frankie, por otra parte, sentía un profundo agradecimiento por Jorge, no era para menos, hacía un par de años le había salvado la vida! Lo había operado de urgencia, por una torsión gástrica, sufrida en la esquina de su consultorio. En cinco minutos, Frankie estaba en la mesa de operaciones de su quirófano. Su hija, también estudiante de veterinaria, lo había asistido. Frankie vivió su postoperatorio en la casa de Jorge, por precaución, durante tres días. Eso lo había unido muchísimo a él.
Pero, como era habitual, cuando estaba con su Papuch, toda su atención giraba en torno a ellos dos únicamente.
Jorge y Barragán conversaban sobre la arquitectura de la ciudad, Jorge le comentaba lo bien que la habían pasado en Palacio.
Eran las 23 horas, ya era tiempo de regresar al hotel. Paula los estaría esperando para comer.
Nuevamente la comunicación con la custodia y ahora si, destino "41"
El líder encendió la sirena y las luces de su motocicleta, seguido de inmediato por los restantes miembros.
La aceleración de las BMs era impresionante, y la X6 no se quedaba atrás. No sorprendía, eran todos de la misma sangre.
Serpenteaban por el tránsito.
Una vez más, Frankie lo disfrutaba como lo que era, un verdadero chico!
Motocicletas, sirenas, luces, música, velocidad, Barragán, Jorge, era como estar en DisneyWorld!
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Sunday, June 1, 2008
Sunday, April 20, 2008
Todos juntos
Arribaron al "41".
Como era habitual, Frankie, descendió primero, era incontenible, terriblemente ansioso.
Bajaron el escaso equipaje de Paula y Jorge, un asistente llevó el auto al estacionamiento.
Mientras Frankie, era saludado por personal del hotel. Había venido varias veces y desde cachorro, se había ganado el cariño de todos. Se peleaban por darle sus galletas.
Entraron al hall, y decidieron subir a las habitaciones, para encontrarse en media hora en el Executive Lounge, donde les prepararían un desayuno.
La recepcionista indicó para que acompañaran a Jorge a su habitación.
Barragán, junto con Paula y Frankie, se dirigieron a la Master suite.
Ingresaron, y se encontró con una cama Orvis, para él, similar a la que tenía en su casa en Buenos Aires. La gente del hotel se había preocupado por encontrar una en Londres. Era de origen estadounidense. Enseguida la probó, se tiró un rato.
Paula le comentó las últimas novedades de la oficina en Buenos Aires a Barragán.
Siguiendo el camino de su vestuario, se llegaba al baño. Una ducha reparadora, caliente era lo que necesitaba.
Un jean gastado, celeste, una remera básica blanca y una campera, era todo cuánto necesitaba. Sin olvidar unas gotas de perfume.
Bajaron, se encontraron con Jorge, el desayuno ya estaba servido, bandejas con frutas frescas de estación de los más diversos orígenes del planeta, cafés, normal y descafeínado, innumerables variedades de tés, mermeladas, panes, croissants, manteca, quesos, salmón. Definitivamente sabían como hacerle la madrugada, mucho más placentera a una persona.
Londres, es una gran ciudad, decidieron ir a visitarla todos juntos. El auto ya estaba disponible en la puerta.
Tomaron sus abrigos, camperas, paraguas, la lluvia continuaba.
Fueron recorriendo, visitando el Palacio de Westminster, la Torre de Londres, el Tower Bridge, los Royal Botanics Gardens, la célebre Trafalgar Square, Canary Wharf.
Si bien continuaba lloviendo, las precipitaciones eran ligeras.
El BlackBerry, no dejaba de sonar, la gente del SIS permanentemente ponía al tanto a Barragán de sus avances en la investigación, básicamente en las entrevistas que realizaban con los compañeros de escuela y del ejército, del Príncipe.
Barragán dió la orden para convocar a la Srta. K., como él la denominaba, para mañana a primera hora.
Se encontraría con ella en una pequeña posada en las afueras de la ciudad. No era conveniente exponerla a cualquier tipo de aparición pública, que pudiera entorpecer la investigación. Los paparazzi, poseían una gran facilidad para lograrlo.
La muerte de la Princesa Diana, todavía se encontraba presente. Era muy querida.
Le había dispensado a Barragán atenciones muy particulares en vida.
Como era habitual, Frankie, descendió primero, era incontenible, terriblemente ansioso.
Bajaron el escaso equipaje de Paula y Jorge, un asistente llevó el auto al estacionamiento.
Mientras Frankie, era saludado por personal del hotel. Había venido varias veces y desde cachorro, se había ganado el cariño de todos. Se peleaban por darle sus galletas.
Entraron al hall, y decidieron subir a las habitaciones, para encontrarse en media hora en el Executive Lounge, donde les prepararían un desayuno.
La recepcionista indicó para que acompañaran a Jorge a su habitación.
Barragán, junto con Paula y Frankie, se dirigieron a la Master suite.
Ingresaron, y se encontró con una cama Orvis, para él, similar a la que tenía en su casa en Buenos Aires. La gente del hotel se había preocupado por encontrar una en Londres. Era de origen estadounidense. Enseguida la probó, se tiró un rato.
Paula le comentó las últimas novedades de la oficina en Buenos Aires a Barragán.
Siguiendo el camino de su vestuario, se llegaba al baño. Una ducha reparadora, caliente era lo que necesitaba.
Un jean gastado, celeste, una remera básica blanca y una campera, era todo cuánto necesitaba. Sin olvidar unas gotas de perfume.
Bajaron, se encontraron con Jorge, el desayuno ya estaba servido, bandejas con frutas frescas de estación de los más diversos orígenes del planeta, cafés, normal y descafeínado, innumerables variedades de tés, mermeladas, panes, croissants, manteca, quesos, salmón. Definitivamente sabían como hacerle la madrugada, mucho más placentera a una persona.
Londres, es una gran ciudad, decidieron ir a visitarla todos juntos. El auto ya estaba disponible en la puerta.
Tomaron sus abrigos, camperas, paraguas, la lluvia continuaba.
Fueron recorriendo, visitando el Palacio de Westminster, la Torre de Londres, el Tower Bridge, los Royal Botanics Gardens, la célebre Trafalgar Square, Canary Wharf.
Si bien continuaba lloviendo, las precipitaciones eran ligeras.
El BlackBerry, no dejaba de sonar, la gente del SIS permanentemente ponía al tanto a Barragán de sus avances en la investigación, básicamente en las entrevistas que realizaban con los compañeros de escuela y del ejército, del Príncipe.
Barragán dió la orden para convocar a la Srta. K., como él la denominaba, para mañana a primera hora.
Se encontraría con ella en una pequeña posada en las afueras de la ciudad. No era conveniente exponerla a cualquier tipo de aparición pública, que pudiera entorpecer la investigación. Los paparazzi, poseían una gran facilidad para lograrlo.
La muerte de la Princesa Diana, todavía se encontraba presente. Era muy querida.
Le había dispensado a Barragán atenciones muy particulares en vida.
Sunday, April 13, 2008
41
Nuestra comitiva avanzaba a gran velocidad, el trabajo de los motociclistas abriendo paso, era impecable, otras unidades de apoyo habían sido desplegadas a través de la ruta, incluso un par de helicópteros nos sobrevolaban.
Barragán había encendido su BlackBerry, el cual en instantes se había conectado a la red de Vodafone UK.
Inmediatamente se comunicó con Gordon Brown y se comprometió a visitarlo lo antes posible. Lo esperaban ansiosamente.
Lo sorprendía la habilidad conductiva de todos los miembros del equipo, parecían un ballet, la sincronización de movimientos, entre las motocicletas, los Jaguars de la custodia y el LTI era única. Obvio, eran verdaderos profesionales.
Llegaron a Buckingham Palace Road, en el número 41, se encontraba, justamente, "41" uno de sus hoteles preferidos en la ciudad.
Era un hotel extremadamente lujoso, con una ubicación envidiable, y más para éste viaje, con solo treinta habitaciones y una relación de dos personas de servicio, por cada huésped.
Los vecinos solían ser muy silenciosos.
Malcolm, el gerente general, lo esperaba en la puerta del hotel. Le dió un cálido saludo. Cómo esta Frankie? preguntó.
Frankie, había estado en el hotel con anterioridad y se había ganado el cariño de todo el personal, como era habitual. Su gran belleza física, lo hacía muy atractivo y llamativo, su carácter dulce, compraba a todas las personas, que le gustaban, o en caso contrario, asustaba. Manejaba con gran habilidad su transformación perro de compañía a perro temerario.
El hotel tenía un conserje para las mascotas, y todo lo inimaginable para servirlas.
Antoinette, quién era la gerente de recepción, también le brindó un cordial saludo a Barragán.
La Conservatory Master Suite ya se encontraba lista para él. Entre otras cosas, la caracterizaba el techo vidriado, lo cual permitía dormir bajo las estrellas en pleno centro de Londres, lo cual no era poca cosa.
Barragán entró, tomó una pera de la gran bandeja de frutas, abrió una Perrier, mientras sacaba de su maletín, su notebook, una Dell Latitude D 630.
Inmediatamente se conectó a la red wi-fi de alta velocidad de la suite.
Ingresó su password, se conectó al exchange server. Dió una rápida mirada a los correos, los múltiples filtros de spam, se habían ya ocupado de ahorrarle trabajo.
Solicitó un 41 Burger, junto con una cerveza Chimay (su preferida de las cervezas belgas).
Se pegó una ducha, se afeitó, desodorante, unas gotas de Hérmes BelAmi y a vestirse.
Ya le habían repasado la camisa blanca, inmaculada, de Turnbull & Asser, eligió un traje azul de tres botones, hecho a medida por su gran amigo Gianni Campagna, de Milán, corbata al tono de Hérmes y zapatos negros, también a medida de Lobb, los gemelos con forma de ositos panda, hacían juego con los dibujos de la corbata.
Consultó la hora en su Ulysse Nardin, GMT, y ajustó la misma, en su segundo huso horario, con la practicidad que únicamente el sistema patentado por Ulysse, permitía. Era el reloj indicado para los viajes. Cuadrante azul, correa de cuero del mismo color, buen calibre, excelente visibilidad y reserva de marcha. En el dorso, su conocido logo San Marco, y el No. 4160.
Era fanático de la marca desde muy chico, cuando se paraba frente a la vidriera de la joyería Escasany, en la Av. Santa Fe, en Buenos Aires, y disfrutaba de esos estupendos relojes, con el logo del ancla, la cual se encontraba con un fondo de cobalto azul en la cuerda, unida a su gran tradición naval, por siglos.
El LTI, lo esperaba en la puerta, salieron a toda velocidad para 10 Downing Street.
El capitán Mead, un galés iba al volante, como el capitán del avión, la tenía muy clara, moverse en Londres no era sencillo, un taxista debía prepararse en promedio 34 meses para obtener su licencia, luego de un promedio de 12 intentos.
En Buenos Aires, algunos, ni sabían donde quedaba el Obelisco...
No nos olvidemos, que el LTI, era el clásico taxi londinense, los black cabs, era el ideal para ser transportado.
Barragán había encendido su BlackBerry, el cual en instantes se había conectado a la red de Vodafone UK.
Inmediatamente se comunicó con Gordon Brown y se comprometió a visitarlo lo antes posible. Lo esperaban ansiosamente.
Lo sorprendía la habilidad conductiva de todos los miembros del equipo, parecían un ballet, la sincronización de movimientos, entre las motocicletas, los Jaguars de la custodia y el LTI era única. Obvio, eran verdaderos profesionales.
Llegaron a Buckingham Palace Road, en el número 41, se encontraba, justamente, "41" uno de sus hoteles preferidos en la ciudad.
Era un hotel extremadamente lujoso, con una ubicación envidiable, y más para éste viaje, con solo treinta habitaciones y una relación de dos personas de servicio, por cada huésped.
Los vecinos solían ser muy silenciosos.
Malcolm, el gerente general, lo esperaba en la puerta del hotel. Le dió un cálido saludo. Cómo esta Frankie? preguntó.
Frankie, había estado en el hotel con anterioridad y se había ganado el cariño de todo el personal, como era habitual. Su gran belleza física, lo hacía muy atractivo y llamativo, su carácter dulce, compraba a todas las personas, que le gustaban, o en caso contrario, asustaba. Manejaba con gran habilidad su transformación perro de compañía a perro temerario.
El hotel tenía un conserje para las mascotas, y todo lo inimaginable para servirlas.
Antoinette, quién era la gerente de recepción, también le brindó un cordial saludo a Barragán.
La Conservatory Master Suite ya se encontraba lista para él. Entre otras cosas, la caracterizaba el techo vidriado, lo cual permitía dormir bajo las estrellas en pleno centro de Londres, lo cual no era poca cosa.
Barragán entró, tomó una pera de la gran bandeja de frutas, abrió una Perrier, mientras sacaba de su maletín, su notebook, una Dell Latitude D 630.
Inmediatamente se conectó a la red wi-fi de alta velocidad de la suite.
Ingresó su password, se conectó al exchange server. Dió una rápida mirada a los correos, los múltiples filtros de spam, se habían ya ocupado de ahorrarle trabajo.
Solicitó un 41 Burger, junto con una cerveza Chimay (su preferida de las cervezas belgas).
Se pegó una ducha, se afeitó, desodorante, unas gotas de Hérmes BelAmi y a vestirse.
Ya le habían repasado la camisa blanca, inmaculada, de Turnbull & Asser, eligió un traje azul de tres botones, hecho a medida por su gran amigo Gianni Campagna, de Milán, corbata al tono de Hérmes y zapatos negros, también a medida de Lobb, los gemelos con forma de ositos panda, hacían juego con los dibujos de la corbata.
Consultó la hora en su Ulysse Nardin, GMT, y ajustó la misma, en su segundo huso horario, con la practicidad que únicamente el sistema patentado por Ulysse, permitía. Era el reloj indicado para los viajes. Cuadrante azul, correa de cuero del mismo color, buen calibre, excelente visibilidad y reserva de marcha. En el dorso, su conocido logo San Marco, y el No. 4160.
Era fanático de la marca desde muy chico, cuando se paraba frente a la vidriera de la joyería Escasany, en la Av. Santa Fe, en Buenos Aires, y disfrutaba de esos estupendos relojes, con el logo del ancla, la cual se encontraba con un fondo de cobalto azul en la cuerda, unida a su gran tradición naval, por siglos.
El LTI, lo esperaba en la puerta, salieron a toda velocidad para 10 Downing Street.
El capitán Mead, un galés iba al volante, como el capitán del avión, la tenía muy clara, moverse en Londres no era sencillo, un taxista debía prepararse en promedio 34 meses para obtener su licencia, luego de un promedio de 12 intentos.
En Buenos Aires, algunos, ni sabían donde quedaba el Obelisco...
No nos olvidemos, que el LTI, era el clásico taxi londinense, los black cabs, era el ideal para ser transportado.
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