Frankie se subió al interior del Bentley, y se instaló cómodamente en el asiento trasero. Le habían colocado una funda para que no se arruinara el tapizado de cuero del auto.
Barragán se acomodó en el asiento de conductor, verificó especialmente la posición del mismo, de los espejos, luces, sistemas electrónicos de control de tracción, etc., seleccionó un CD, el de la película Notting Hill, esa tarde estaban arribando a Londres Flopy y María, desde París. Era sábado, el día para ir a visitar Portobello Market.
Decidió ir a buscarlas a la estación de tren y alcanzarlas hasta el mercado, venían únicamente por un par de días y no iban a tener mucho tiempo, así que había que aprovecharlo al máximo.
Por otra parte, eran indudables las intenciones de Frankie, lo único que deseaba era ir a pasear y jugar bajo la lluvia con su Papuch.
Y Barragán seguía siempre una regla de oro...cualquiera fuera el proyecto en el cual se encontrara involucrado, siempre lo primero era "cumplir" con sus hijos, Flopy y Edu, y con Frankuch. Todos sus clientes la conocían y en todos sus años de profesión, nadie, absolutamente nadie, se había animado, ni siquiera a desear violarla.
Frankie se dió cuenta que sería un día muy especial para los dos, encontrarse con Flopy lo iba a llenar de alegría, adoraba a su "hermana", al igual que a Edu.
Frankie iba acostado, mientras el auto circulara a gran velocidad, todo estaba bien para él. El problema era cuando el auto se detenía, no lo toleraba.
Ingresaron al centro de Londres, camino al hotel.
Arribaron, Frankie fue saludado por todos los miembros del staff, se quedó jugando con ellos, mientras Barragán se comunicaba con el Príncipe Charles, a quien le comentó los frutos de su conversación con la Srta. K. Existían muchas aristas interesantes para ser analizadas. Charles le agradeció y ganaba en confianza. El porcentaje de solución de casos de Barragán ascendía, simplemente al ciento por ciento, lo cual obviamente no era poco.
Barragán subió a la Master Suite. Paula lo recibió con un beso muy dulce, que invitaba a más. Pidieron el almuerzo para ser servido en el cuarto, para ellos dos, y la comida de Frankie.
Sonó el teléfono, le avisaron que Frankie se había encontrado en la planta baja, con Jorge, su veterinario, seguramente no subiría a comer con ellos.
Miró su reloj, era tarde, tenían que apurarse para ir a buscar a Flopy a la estación.
Llevaron una camioneta BMW X6, en el auto, no iban a entrar todos, junto con las maletas, más tratándose de dos mujeres.
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Friday, May 16, 2008
Sunday, April 20, 2008
Londres, llegan los refuerzos
Londres, 4:00 AM
El Bentley Continental esperaba en una de las pistas de Heathrow.
La lluvia arreciaba, la visibilidad era prácticamente nula.
Recibió un MMS, se estaban aproximando al aeropuerto, observó la cabecera de la pista, aparecieron las luces y el inconfundible perfil de esa maravillosa máquina.
El Gulfstream G650, tocó tierra, se deslizó suavemente, el sonido de sus dos turbinas Rolls-Royce BR725 era único.
Pintado en azul y naranja, y con unas insiginias argentinas. No era muy díficil imaginar quien era el propietario.
Con la configuración seleccionada, era capaz de transportar ocho pasajeros, con cuatro tripulantes a una velocidad de Mach 0,85, en un rango de 7.000 millas naúticas, eso significaba Buenos Aires-Londres, o un New York-Beijing, más la reserva.
Los sistemas de aviónica, lo convertían en el jet ejecutivo más avanzado del mundo.
Barragán descendió del automóvil, la lluvia era cada vez más fuerte, como había acontecido todos estos días, el viento también.
Abrió su paraguas Swaine Adeney Brigg, proveedores de la Casa Real, compañía fundada en el año 1836. Poseía varios, dos de ellos muy especiales, un Sword, con una espada en su interior, el famoso Malacca, con un arma de fuego.
El último, siempre era útil como back-up, de sus principales: Glock, Sig-Sauer, Heckler & Koch o Steyr.
El avión se detuvo totalmente a escasos metros de él.
Se abrió la puerta delantera, la asistente lo saludó fugazmente, debía correrse de la puerta en forma inmediata, sino quería resultar aplastada.
Dos sonidos cortos, profundos, se sintieron nítidamente en el medio de la cerrada noche.
Bajó toda la escalera de un salto y corrió hacia él. Se le tiró encima.
Frankie había arribado, el cariño hacia su dueño, era imposible de medir. Sus ojos ámbar, inconfundibles.
Previendo el tiempo en Londres, Paula le había colocado un chaleco Patagonia y una capa Barbour, ambos especialmente confeccionados para él.
La silueta de ella, se dibujó entre las luces y las sombras de la pista, nadie se podría confundir.
Por último descendió Jorge, su veterinario,. Frankie, jamás viajaba sin él. Jorge atendía a los perros de Barragán desde hacía 25 años aproximadamente. Era el único profesional en el cual confiaba.
La gente de aduana los liberó rápidamente de los trámites habituales.
Las motocicletas de Scotland Yard esperaban la señal.
Los cuatro se subieron al Bentley y partieron rápidamente hacia el "41".
Barragán sonrió, el equipo estaba completo.
El Bentley Continental esperaba en una de las pistas de Heathrow.
La lluvia arreciaba, la visibilidad era prácticamente nula.
Recibió un MMS, se estaban aproximando al aeropuerto, observó la cabecera de la pista, aparecieron las luces y el inconfundible perfil de esa maravillosa máquina.
El Gulfstream G650, tocó tierra, se deslizó suavemente, el sonido de sus dos turbinas Rolls-Royce BR725 era único.
Pintado en azul y naranja, y con unas insiginias argentinas. No era muy díficil imaginar quien era el propietario.
Con la configuración seleccionada, era capaz de transportar ocho pasajeros, con cuatro tripulantes a una velocidad de Mach 0,85, en un rango de 7.000 millas naúticas, eso significaba Buenos Aires-Londres, o un New York-Beijing, más la reserva.
Los sistemas de aviónica, lo convertían en el jet ejecutivo más avanzado del mundo.
Barragán descendió del automóvil, la lluvia era cada vez más fuerte, como había acontecido todos estos días, el viento también.
Abrió su paraguas Swaine Adeney Brigg, proveedores de la Casa Real, compañía fundada en el año 1836. Poseía varios, dos de ellos muy especiales, un Sword, con una espada en su interior, el famoso Malacca, con un arma de fuego.
El último, siempre era útil como back-up, de sus principales: Glock, Sig-Sauer, Heckler & Koch o Steyr.
El avión se detuvo totalmente a escasos metros de él.
Se abrió la puerta delantera, la asistente lo saludó fugazmente, debía correrse de la puerta en forma inmediata, sino quería resultar aplastada.
Dos sonidos cortos, profundos, se sintieron nítidamente en el medio de la cerrada noche.
Bajó toda la escalera de un salto y corrió hacia él. Se le tiró encima.
Frankie había arribado, el cariño hacia su dueño, era imposible de medir. Sus ojos ámbar, inconfundibles.
Previendo el tiempo en Londres, Paula le había colocado un chaleco Patagonia y una capa Barbour, ambos especialmente confeccionados para él.
La silueta de ella, se dibujó entre las luces y las sombras de la pista, nadie se podría confundir.
Por último descendió Jorge, su veterinario,. Frankie, jamás viajaba sin él. Jorge atendía a los perros de Barragán desde hacía 25 años aproximadamente. Era el único profesional en el cual confiaba.
La gente de aduana los liberó rápidamente de los trámites habituales.
Las motocicletas de Scotland Yard esperaban la señal.
Los cuatro se subieron al Bentley y partieron rápidamente hacia el "41".
Barragán sonrió, el equipo estaba completo.
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Wednesday, April 16, 2008
Príncipe William
Barragán continuaba recorriendo las tierras de Highgrove, repasando mentalmente la vida de William.
El Príncipe William es el hijo mayor del Príncipe de Gales y Diana, Princesa de Gales.
Había nacido el 21 de junio de 1982 en el Hospital St. Mary's, Paddington, Londres.
Después de concurrir al Mrs Mynors School, el Príncipe William fue alumno del Wetherby School en Londres, desde 1987 hasta 1990.
Desde septiembre de 1990, el Príncipe concurrió al Ludgrove School en Berkshire, por cinco años hasta julio de 1995.
Luego asistió al prestigioso Eton College desde Julio de 1995, donde estudió Geografía, Biología e Historia del Arte.
Después de un año, en el cual visitó Chile, Belice, trabajó en granjas británcias y visitó países en Africa, el Príncipe William eligió cursar estudios en la St Andrews University en Fife, Escocia.
El Príncipe se unió a la Royal Military Academy Sandhurst como Officer Cadet.
Fué comisionado como oficial del ejército en presencia de su Majestad La Reina en Sandhurst en Diciembre de 2006 y se unió al Household Cavalry (Blues and Royals) como Teniente Segundo.
Obviamente existían otras facetas de su todavía corta, pero muy activa vida, a considerar.
Optó por relegarlas para un posterior análisis, la lluvia aunque pareciera imposible, era cada vez más fuerte, se levantaban fuertes ráfagas de viento, era momento de regresar a Londres.
Regresó para cambiar de vehiculo, el Range Rover quedaría en Highgrove y viajaría en el Bentley.
Carlos estaba parado en la puerta de casa, lo saludó.
Hizo un breve comentario respecto del nuevo Bentley. Es conocida la predilección del Príncipe por los Aston Martin, y la relación de la marca con la casa real. Obviamente, Carlos, necesitaba relajarse un poco y la tranquilidad que le transmitía Barragán colaboraría mucho en ello.
Carlos y Eduardo (nombre de muchos reyes británicos) poseían una excelente relación, alimentada por muchos gustos en común, definitivamente hablaban el mismo idioma en muchos aspectos de la vida, aunque no en todos.
Eduardo Barragán presionó suavemente el start. El motor rugió. Las luces desaparecieron en segundos.
Una vez más, el Príncipe Carlos volvió a sonreir. Nadie le brindaba la seguridad de Barragán, para el éxito de la investigación.
Los miembros del SIS, le parecían un grupo de colegiales al lado del gran investigador argentino, con fama mundial.
El Príncipe William es el hijo mayor del Príncipe de Gales y Diana, Princesa de Gales.
Había nacido el 21 de junio de 1982 en el Hospital St. Mary's, Paddington, Londres.
Después de concurrir al Mrs Mynors School, el Príncipe William fue alumno del Wetherby School en Londres, desde 1987 hasta 1990.
Desde septiembre de 1990, el Príncipe concurrió al Ludgrove School en Berkshire, por cinco años hasta julio de 1995.
Luego asistió al prestigioso Eton College desde Julio de 1995, donde estudió Geografía, Biología e Historia del Arte.
Después de un año, en el cual visitó Chile, Belice, trabajó en granjas británcias y visitó países en Africa, el Príncipe William eligió cursar estudios en la St Andrews University en Fife, Escocia.
El Príncipe se unió a la Royal Military Academy Sandhurst como Officer Cadet.
Fué comisionado como oficial del ejército en presencia de su Majestad La Reina en Sandhurst en Diciembre de 2006 y se unió al Household Cavalry (Blues and Royals) como Teniente Segundo.
Obviamente existían otras facetas de su todavía corta, pero muy activa vida, a considerar.
Optó por relegarlas para un posterior análisis, la lluvia aunque pareciera imposible, era cada vez más fuerte, se levantaban fuertes ráfagas de viento, era momento de regresar a Londres.
Regresó para cambiar de vehiculo, el Range Rover quedaría en Highgrove y viajaría en el Bentley.
Carlos estaba parado en la puerta de casa, lo saludó.
Hizo un breve comentario respecto del nuevo Bentley. Es conocida la predilección del Príncipe por los Aston Martin, y la relación de la marca con la casa real. Obviamente, Carlos, necesitaba relajarse un poco y la tranquilidad que le transmitía Barragán colaboraría mucho en ello.
Carlos y Eduardo (nombre de muchos reyes británicos) poseían una excelente relación, alimentada por muchos gustos en común, definitivamente hablaban el mismo idioma en muchos aspectos de la vida, aunque no en todos.
Eduardo Barragán presionó suavemente el start. El motor rugió. Las luces desaparecieron en segundos.
Una vez más, el Príncipe Carlos volvió a sonreir. Nadie le brindaba la seguridad de Barragán, para el éxito de la investigación.
Los miembros del SIS, le parecían un grupo de colegiales al lado del gran investigador argentino, con fama mundial.
Monday, April 14, 2008
Cabinet Room
6:30, en punto.
Sonó el teléfono de la habitación, era el servicio de wake-up call. La precisión era acorde al resto de los servicios del hotel.
Su rutina, ducha, aceite pre-afeitada de Truefitt & Hill, crema de afeitar Rose y West Indian Extract of Limes para el after shave, el secreto estaba en la brocha de SuperBadger, todo esto de Geo F. Trumper, por último su perfume personalizado, desarrollado por Floris de Londres.
Miró al cielo, la lluvia continuaba, fuerte.
Tenía que ir al campo, se vistió acorde, un par de jeans, un sweater de Pringle, escocés, y su campera Barbour, así como las botas, estaría totalmente protegido de las inclemencias del tiempo, típicas del país.
Bajó al Executive Lounge, pidió un café, un poco de crema, unos huevos revueltos, tostadas de pan negro, queso crema, mermelada de naranja, yoghurt de durazno, un plato de frutas frescas y unas croissants.
Todo era excelente, hojeó los diarios, pidió unas botellas de San Pellegrino para llevar en el viaje.
Salió, con el tiempo perfectamente cronometrado, tenía que estar a las 8 en punto en Downing Street.
En la puerta del hotel, saludó a Mead, quien le entregó el control remoto del Bentley, recién salido de la fábrica, pintado en el clásico verde inglés. Las puertas se abrieron al aproximarse, sobre el asiento del conductor encontró una caja.
La abrió, contenía un reloj Breitling for Bentley.
La sociedad entre ambas marcas de artículos de impecable manufactura había dado sus frutos.
Barragán utilizada habitualmente un Breitling, de acero, con cuadrante azul, con doble oscilador de cuarzo, resistente a una profundidad de 500 metros, desarrollado para las fuerzas militares, prácticamente indestructible, cronómetro certificado, posiblemente el reloj de pulsera más preciso del mercado mundial.
Encendió el motor, Mead se sentó en el asiento izquierdo. Si bien, todo estaba invertido para Barragán, estaba acostumbrado.
Llegaron a Downing Street, Gordon los estaba esperando en la recepción, ya están todos, dijo, se dirigieron al Cabinet Room, la sala donde se reunía el Gabinete, todos los jueves a la mañana.
Ingresaron, los rostros preocupados de los miembros del SIS (Secret Intelligence Service), conocido por muchos como MI6, el Servicio de Inteligencia Británico, el cual funcionaba desde 1994 en su sede de Vauxhall Cross, lo decía todo.
Durante la Primera Guerra Mundial, existían hasta 10 secciones MI de la War Office.
También se encontraban presentes, miembros del MI5, el Security Service.
Luego de las presentaciones de rigor, un resumido detalle del cuadro de situación, Barragán les impartió las órdenes necesarias para comenzar a trabajar sin dilación alguna.
Él debía salir inmediatamente para Highgrove.
Mead guiaba la ruta, pero Barragán conducía, cuando peores las condiciones, mejor lo hacía.
Los equipos de comunicaciones brindaban sin interrupciones, información sobre las vías despejadas por las fuerzas de seguridad, para la salida de la ciudad sin demora.
Así daba gusto circular.
Sonó el teléfono de la habitación, era el servicio de wake-up call. La precisión era acorde al resto de los servicios del hotel.
Su rutina, ducha, aceite pre-afeitada de Truefitt & Hill, crema de afeitar Rose y West Indian Extract of Limes para el after shave, el secreto estaba en la brocha de SuperBadger, todo esto de Geo F. Trumper, por último su perfume personalizado, desarrollado por Floris de Londres.
Miró al cielo, la lluvia continuaba, fuerte.
Tenía que ir al campo, se vistió acorde, un par de jeans, un sweater de Pringle, escocés, y su campera Barbour, así como las botas, estaría totalmente protegido de las inclemencias del tiempo, típicas del país.
Bajó al Executive Lounge, pidió un café, un poco de crema, unos huevos revueltos, tostadas de pan negro, queso crema, mermelada de naranja, yoghurt de durazno, un plato de frutas frescas y unas croissants.
Todo era excelente, hojeó los diarios, pidió unas botellas de San Pellegrino para llevar en el viaje.
Salió, con el tiempo perfectamente cronometrado, tenía que estar a las 8 en punto en Downing Street.
En la puerta del hotel, saludó a Mead, quien le entregó el control remoto del Bentley, recién salido de la fábrica, pintado en el clásico verde inglés. Las puertas se abrieron al aproximarse, sobre el asiento del conductor encontró una caja.
La abrió, contenía un reloj Breitling for Bentley.
La sociedad entre ambas marcas de artículos de impecable manufactura había dado sus frutos.
Barragán utilizada habitualmente un Breitling, de acero, con cuadrante azul, con doble oscilador de cuarzo, resistente a una profundidad de 500 metros, desarrollado para las fuerzas militares, prácticamente indestructible, cronómetro certificado, posiblemente el reloj de pulsera más preciso del mercado mundial.
Encendió el motor, Mead se sentó en el asiento izquierdo. Si bien, todo estaba invertido para Barragán, estaba acostumbrado.
Llegaron a Downing Street, Gordon los estaba esperando en la recepción, ya están todos, dijo, se dirigieron al Cabinet Room, la sala donde se reunía el Gabinete, todos los jueves a la mañana.
Ingresaron, los rostros preocupados de los miembros del SIS (Secret Intelligence Service), conocido por muchos como MI6, el Servicio de Inteligencia Británico, el cual funcionaba desde 1994 en su sede de Vauxhall Cross, lo decía todo.
Durante la Primera Guerra Mundial, existían hasta 10 secciones MI de la War Office.
También se encontraban presentes, miembros del MI5, el Security Service.
Luego de las presentaciones de rigor, un resumido detalle del cuadro de situación, Barragán les impartió las órdenes necesarias para comenzar a trabajar sin dilación alguna.
Él debía salir inmediatamente para Highgrove.
Mead guiaba la ruta, pero Barragán conducía, cuando peores las condiciones, mejor lo hacía.
Los equipos de comunicaciones brindaban sin interrupciones, información sobre las vías despejadas por las fuerzas de seguridad, para la salida de la ciudad sin demora.
Así daba gusto circular.
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Sunday, April 13, 2008
Esto recién comienza
La situación era mucho más compleja y delicada que el caso que Barragán había imaginado.
La desaparición del Príncipe William, segundo en la línea de sucesión a la Corona Británica, ningún rastro, ningún mensaje, ningún contacto.
Obviamente el pueblo de Gran Bretaña no conocía la situación, pero algo debía hacerse muy rápidamente, los habituales compromisos del Príncipe, la exposición pública que poseía, no permitirían ocultarla.
Llegó al hotel, subió a su suite.
Ordenó la cena.
Al rato, dos personas de servicio le sirvieron la misma en la suite, pollo grillado sin piel y sin sal, pata, jugoso, al limón y puré de papas. Para beber, agua mineral Lauretana.
Una impresionante bandeja de frutas frescas y un termo con café.
Comió rápido y se comunicó con Mead.
Iba a necesitar transportación especial. Un Bentley Continental GT Speed, el modelo más potente fabricado por la compañía en su historia, el cual alcanzaba los 322 km/h.
En Highgrove lo esperarían con un Range Rover Supercharged Vogue SE blindado.
Encendió la pantalla de LCD, buscó en la guía digital la programación. Estaba por empezar Los Vengadores, si, The Avengers la clásica serie de la TV inglesa, con los personajes de J. Steed (quien también utilizaba un Bentley) y E. Peel (Lotus Elan 2). Lo bueno, la "verdadera" Srta. Peel, interpretada por la sugestiva Diana Rigg. Gran actriz de teatro, y un papel hecho a su medida.
Barragán conocía todos los capítulos de memoria, pero jamás se cansaba de verlos. Desde muy chico, junto a sus padres, los martes a las 22 horas, por canal 13 de Buenos Aires y hasta hacía poco tiempo, por cable, en Retro.
Disfrutó la serie, bebiendo sus jarras de café.
Apagó la TV. Mañana iba a ser un muy largo día. Era mejor acostarse.
La temperatura del cuarto era la adecuada, las gotas de la lluvia, golpeaban en el techo de vidrio, los relámpagos iluminaban la habitación de vez en cuando.
Las luces se apagaron.
La desaparición del Príncipe William, segundo en la línea de sucesión a la Corona Británica, ningún rastro, ningún mensaje, ningún contacto.
Obviamente el pueblo de Gran Bretaña no conocía la situación, pero algo debía hacerse muy rápidamente, los habituales compromisos del Príncipe, la exposición pública que poseía, no permitirían ocultarla.
Llegó al hotel, subió a su suite.
Ordenó la cena.
Al rato, dos personas de servicio le sirvieron la misma en la suite, pollo grillado sin piel y sin sal, pata, jugoso, al limón y puré de papas. Para beber, agua mineral Lauretana.
Una impresionante bandeja de frutas frescas y un termo con café.
Comió rápido y se comunicó con Mead.
Iba a necesitar transportación especial. Un Bentley Continental GT Speed, el modelo más potente fabricado por la compañía en su historia, el cual alcanzaba los 322 km/h.
En Highgrove lo esperarían con un Range Rover Supercharged Vogue SE blindado.
Encendió la pantalla de LCD, buscó en la guía digital la programación. Estaba por empezar Los Vengadores, si, The Avengers la clásica serie de la TV inglesa, con los personajes de J. Steed (quien también utilizaba un Bentley) y E. Peel (Lotus Elan 2). Lo bueno, la "verdadera" Srta. Peel, interpretada por la sugestiva Diana Rigg. Gran actriz de teatro, y un papel hecho a su medida.
Barragán conocía todos los capítulos de memoria, pero jamás se cansaba de verlos. Desde muy chico, junto a sus padres, los martes a las 22 horas, por canal 13 de Buenos Aires y hasta hacía poco tiempo, por cable, en Retro.
Disfrutó la serie, bebiendo sus jarras de café.
Apagó la TV. Mañana iba a ser un muy largo día. Era mejor acostarse.
La temperatura del cuarto era la adecuada, las gotas de la lluvia, golpeaban en el techo de vidrio, los relámpagos iluminaban la habitación de vez en cuando.
Las luces se apagaron.
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