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Sunday, April 13, 2008

Downing Street

Cuando alguien menciona Downing Street, la referencia inmediata en la mente, es el número 10.

Es la dirección de la residencia de Primer Ministro del Reino Unido.

Unida a la historia del Primer Ministro, desde el año 1730, constituyó el centro neurálgico del gobierno británico durante las dos guerras mundiales.

Gordon Brown, no tenía la llave de entrada a la residencia, pero siempre había personal de servicio, para dejarlo entrar.

Después de serpentear por las calles de Londres, nos detuvimos al frente, varios miembros de los servicios de inteligencia británicos estaban apostados, saludaron a Barragán, quien fue acompañado hasta la Terracotta Room.

La sala debía su nombre, al color en el cual se encontraba pintada, el cual había cambiado a lo largo de los años.

Uno de los últimos invitados a tomar el té, en la misma, junto con Gordon Brown, era Nelson Mandela, el legendario líder sudafricano.

Barragán recordó su última visita a Ciudad del Cabo, junto con una amiga, Cecilia, camino a las Islas Seychelles, y su recorrido por Robben Island, a 12 km. de la ciudad, por 400 años, lugar de exilio, prisión y sufrimiento para muchos. Ahí había sido confinado Nelson Mandela. Cuando la visitaron, un compañero de la celda contigua a la de Nelson, había oficiado de guía, jamás olvidaría la emoción de todos los presentes, frente a las brutalidades relatadas y a la posición frente al rencor, el cual debía ser totalmente desestimado. El consejo había sido, educar al otro, nunca tenerle rencor. Barragán había quedado muy emocionado con las palabras de ese hombre mayor, frágil, de una mirada impactante.

Cecilia, se ocupó de sorprenderlo. Le consiguió que alguien vaya hasta la isla de nuevo y volviera con el libro de Mandela, The Struggle of my Life, dedicado por el guía, con su dirección y teléfono, escrito con una letra infantil (había aprendido a leer y escribir en la oscuridad de su celda), y un beso de ella estampado en la tapa.

Barragán lo atesoraba. A pesar de haber conocido personalmente varios Papas, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, personalidades gubernamentales, de la realeza, capitanes de la industria, deportistas, pocos lo habían impresionado tanto como ese hombre.

Mientras esperaba que Gordon Brown apareciera, recordó que estaba por efectuar su segunda visita a los Estados Unidos, desde que asumió el cargo, la cual comprendería las ciudades de Boston, New York y Washington, donde se entrevistaría con el Presidente Bush.

También le vino a la mente sus recientes comentarios vinculados a la situacion en Darfur, Africa, donde 200.000 personas habían sido asesinadas, y otros 2.000.000 de seres habían sido desplazados. La situación era un verdadero caos, y era imperiosa la actuación conjunta de las organizaciones humanitarias de todo el mundo, para brindar asistencia. Justamente George Clooney, el actor de la película que había vista en el avión, había denunciado la situación a la comunidad internacional desde hacía bastante tiempo, en un esfuerzo desesperado...

Gordon Brown, ingresó a la sala.

Un cálido apretón de manos y un fuerte abrazo. No eran amigos, pero si, poseían una sólida relación y un respeto mutuo.

Eduardo, le dijo, muy poca gente lo llamaba por su nombre, solo los más íntimos, algo terrible ha sucedido, el Príncipe William, ha desparecido!

William, hijo del Príncipe Carlos, era el segundo en la línea de sucesión al Trono.

Sucedió en la residencia de Highgrove y no hemos tenido ninguna noticia sobre él, ni demandas de secuestradores, o de otros grupos. Agregó.

Se produjo un profundo silencio.

41

Nuestra comitiva avanzaba a gran velocidad, el trabajo de los motociclistas abriendo paso, era impecable, otras unidades de apoyo habían sido desplegadas a través de la ruta, incluso un par de helicópteros nos sobrevolaban.

Barragán había encendido su BlackBerry, el cual en instantes se había conectado a la red de Vodafone UK.

Inmediatamente se comunicó con Gordon Brown y se comprometió a visitarlo lo antes posible. Lo esperaban ansiosamente.

Lo sorprendía la habilidad conductiva de todos los miembros del equipo, parecían un ballet, la sincronización de movimientos, entre las motocicletas, los Jaguars de la custodia y el LTI era única. Obvio, eran verdaderos profesionales.

Llegaron a Buckingham Palace Road, en el número 41, se encontraba, justamente, "41" uno de sus hoteles preferidos en la ciudad.

Era un hotel extremadamente lujoso, con una ubicación envidiable, y más para éste viaje, con solo treinta habitaciones y una relación de dos personas de servicio, por cada huésped.

Los vecinos solían ser muy silenciosos.

Malcolm, el gerente general, lo esperaba en la puerta del hotel. Le dió un cálido saludo. Cómo esta Frankie? preguntó.

Frankie, había estado en el hotel con anterioridad y se había ganado el cariño de todo el personal, como era habitual. Su gran belleza física, lo hacía muy atractivo y llamativo, su carácter dulce, compraba a todas las personas, que le gustaban, o en caso contrario, asustaba. Manejaba con gran habilidad su transformación perro de compañía a perro temerario.

El hotel tenía un conserje para las mascotas, y todo lo inimaginable para servirlas.

Antoinette, quién era la gerente de recepción, también le brindó un cordial saludo a Barragán.

La Conservatory Master Suite ya se encontraba lista para él. Entre otras cosas, la caracterizaba el techo vidriado, lo cual permitía dormir bajo las estrellas en pleno centro de Londres, lo cual no era poca cosa.

Barragán entró, tomó una pera de la gran bandeja de frutas, abrió una Perrier, mientras sacaba de su maletín, su notebook, una Dell Latitude D 630.

Inmediatamente se conectó a la red wi-fi de alta velocidad de la suite.

Ingresó su password, se conectó al exchange server. Dió una rápida mirada a los correos, los múltiples filtros de spam, se habían ya ocupado de ahorrarle trabajo.

Solicitó un 41 Burger, junto con una cerveza Chimay (su preferida de las cervezas belgas).

Se pegó una ducha, se afeitó, desodorante, unas gotas de Hérmes BelAmi y a vestirse.

Ya le habían repasado la camisa blanca, inmaculada, de Turnbull & Asser, eligió un traje azul de tres botones, hecho a medida por su gran amigo Gianni Campagna, de Milán, corbata al tono de Hérmes y zapatos negros, también a medida de Lobb, los gemelos con forma de ositos panda, hacían juego con los dibujos de la corbata.

Consultó la hora en su Ulysse Nardin, GMT, y ajustó la misma, en su segundo huso horario, con la practicidad que únicamente el sistema patentado por Ulysse, permitía. Era el reloj indicado para los viajes. Cuadrante azul, correa de cuero del mismo color, buen calibre, excelente visibilidad y reserva de marcha. En el dorso, su conocido logo San Marco, y el No. 4160.

Era fanático de la marca desde muy chico, cuando se paraba frente a la vidriera de la joyería Escasany, en la Av. Santa Fe, en Buenos Aires, y disfrutaba de esos estupendos relojes, con el logo del ancla, la cual se encontraba con un fondo de cobalto azul en la cuerda, unida a su gran tradición naval, por siglos.

El LTI, lo esperaba en la puerta, salieron a toda velocidad para 10 Downing Street.

El capitán Mead, un galés iba al volante, como el capitán del avión, la tenía muy clara, moverse en Londres no era sencillo, un taxista debía prepararse en promedio 34 meses para obtener su licencia, luego de un promedio de 12 intentos.

En Buenos Aires, algunos, ni sabían donde quedaba el Obelisco...

No nos olvidemos, que el LTI, era el clásico taxi londinense, los black cabs, era el ideal para ser transportado.